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María, ejemplo de vida

María, ejemplo de vida Cuando María de Lourdes Castillo Alcántara tenía tres años de edad le amputaron la pierna izquierda. Su madre Rosa la trajo desde Cajamarca hasta Lima para que siga su rehabilitación. Los años pasaron y María venció más de una obstáculo para ser licenciada en educación en la Universidad de San Marcos y ser tricampeona nacional de tenis de campo.

Había que verla. Su rostro, sus gestos, sus palabras. No había una pizca de queja ni desánimo. María de Lourdes Castillo Alcántara, de 35 años, sentada en su silla de ruedas tiene tanta energía que no dudaría compartir su experiencia de vida con aquellos que necesitan un impulso y una motivación para salir adelante.

Ella es educadora, trabajadora administrativa y, sobre todo, deportista de primera. En estos días se siente más que feliz, luego de regresar del Open internacional en Argentina, donde obtuvo un subcampeonato de tenis y ahora se alista para alcanzar el tetracampeonato nacional, algo que nadie ha hecho hasta la actualidad.

Su incursión a este deporte de las raquetas y redes fue por recomendación de la ex campeona nacional, Juana Hurtado, quien veía en María de Lourdes mucho entusiasmo, disciplina y deseos de superación. Entonces, sólo quedaba observarla en el campo de juego. Y vaya resultados que se dieron desde los últimos cinco años.

Los méritos de esta admiradora de la ex tenista Laura Arraya aumentan cuando ella dice que tiene que comprar sus raquetas y que la silla de ruedas con la que juega le fue donada. Ni qué hablar de sus alimentos y demás gastos cada vez que se acerca un campeonato.

Mal comienzo
Fue en Cajamarca donde una extraña enfermedad la atacó vilmente. Una enfermedad que la dejaba sin defensas y que le produjo una gangrena en la pierna izquierda por lo que los médicos decidieron amputarle. María en ese entonces sólo tenía tres años de edad.
La mala fortuna, por llamarlo así, continuaba. No la dejaba en paz. Había que hacer algo. Entonces, su madre Rosa cogió sus cosas y se vino con su hija hasta Lima para que aquí pueda tratarse, rehabilitarse.

Y su lucha no sólo era contra su enfermedad, sino también con el prejuicio de la gente. Imagínense, no querían admitirla en la escuela. ¿Razones? Ignorancia e indolencia. No les importaba que había una niña con discapacidad física que quería aprender, estudiar sin hacerle daño a nadie.

Dona Rosa, una humilde trabajadora del hogar, se las ingenió para que su niña culmine sus estudios básicos en el colegio Elvira García y García.

Sanmarquina de corazón
1992. Fue un año que María de Lourdes difícilmente borrará de su memoria. Fue el año en que ingresó a la Facultad de Educación de la Universidad de San Marcos. Fue el año en que nació ese vínculo entre una mujer con deseos de superación con esta casa de estudios, con “mi San Marcos”, como ella bien dice.
Aquí fue dirigente estudiantil en una época en que el gobierno de Alberto Fujimori amenazaba e intimidaba a los estudiantes. A ella poco le importaba. Sólo buscaba el bienestar de sus compañeros y amigos de carpeta.

El tiempo pasó hasta que un día culminó sus estudios en la especialidad de Historia y Geografía. De nuevo aparecieron las piedras en el camino. No conseguía empleo y todo por su discapacidad. Para no creerlo. A veces, se sentía vencida.

Iba de un lado a otro para encontrar trabajo sobre lo que había estudiado. No podía tirar a la borda tantos años de lucha, esfuerzo y entrega. Y llegó el día en que ingresó a trabajar al programa de Educadores de la Calle del Inabif.

En la actualidad ella trabaja como personal administrativo en su facultad. Desde este lugar se siente bien y busca que el público también se sienta bien. Un “muchas gracias” le basta para trabajar con suma dedicación.

Vive con su madre, en el distrito de Pueblo Libre, donde le hicieron un homenaje y en su tierra natal, Cajamarca, tampoco se quedaron atrás y la distinguieron con bombos y platillos. Y eso no fue todo: instituciones como su propia facultad, INTEJ, la empresa minera Atacocha y la Federación Deportiva Peruana de Tenis la apoyaron para que siga dándole duro a la raqueta. María se sentía abrumada.

La nota tenía que culminar. Y María de Lourdes dice que estuvo a punto de casarse. Estuvo a punto de dejar su soltería, pero a cambio le pedían que dejase el deporte en general. En otras palabras, le decían que deje de ser ella misma. Y eso ni pensarlo. Era un hombre que no merecía su compañía.

María de Lourdes vuelve a sus labores. Sabe que tiene que atender a más personas que ya la reconocen por su bondad y esmero. La dejamos en esa oficina donde abundan los expedientes, los aprecios y las muestras de cariño a una mujer a la que le vaticinaron pocos años de vida, pero que hoy es una educadora, una trabajadora administrativa, una exitosa deportista. María de Lourdes eres, sin duda, ejemplo de vida.

Conózcala
Afición: Lectura y practicar deporte
Libro: Los subterráneos de la libertad (Jorge Amado)
Autor preferido: Waldemar Espinoza
Platillo: Ceviche
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